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lunes, 9 de abril de 2012

Y tú ¿de qué siglo eres?

Llevo un tiempo preocupado. Tengo casi 45 años y me he dado cuenta de que, cuando finalice mi vida profesional, habré desarrollado la misma durante muchísimo más tiempo en el siglo XXI que en el siglo XX y, sin embargo, mi aprendizaje, mi experiencia básica, mi forma de pensar en muchos temas son producto del siglo pasado.

Me he convencido de que si no cambio estos paradigmas del XX es muy difícil que pueda triunfar en el XXI. Y me he propuesto hacerlo: voy a 'desaprender' y a cuestionarme todas aquellas cosas que como 'siempre se habían hecho así' nadie se había preocupado por hacer de otro modo.

Lo primero que observo en este siglo en relación con el anterior es que el conocimiento ya no tiene que memorizarse, ahora hay que saber tan sólo cómo encontrarlo.

Hasta hace poco, el valor que tenía atesorar en nuestra mente el máximo número posible de información era inmenso, de un tiempo a esta parte, el valor está en saber encontrar lo que buscamos de forma rápida y fiable.

Esto, sin duda, es bueno. Nos libera el cerebro. Es como cuando nos sabíamos los números de teléfono de nuestros familiares, amigos y clientes de memoria y, de repente, llegó el móvil con su agenda y dejamos de memorizar esos números, liberando espacio en nuestro 'disco duro' particular para otras cosas que consideramos más importantes (incluso liberamos tanto espacio que no llegamos a 'grabar' en nuestra mente ni nuestro propio número de móvil).

Por otro lado, el disponer de una cantidad ingente de información nos dispersa, recibimos tantos impactos cada día que nos volvemos más superficiales ("aprendices de todo, maestros de nada" se decía). El paradigma del siglo XX sobre lo que es una persona 'culta' deja de tener sentido, ya que hoy no es más culto el que más ha aprendido sobre ciertos temas sino el que es capaz de encontrar la mejor información, analizarla y tomar con ella las decisiones más acertadas para su vida.

Soy una persona a la que siempre le ha gustado leer y hace mucho tiempo me di cuenta de que, aunque viviera mil años, nunca podría leer todos los libros que se han escrito. Esto me apenó, no por tener un reto imposible ante mí, sino más bien por la sensación que me provocaba el tener que dejar de leer obras maravillosas que, quizá, hubiesen sido determinantes en mi vida mientras, inexorablemente, iba a perder el tiempo con otras muchas que hubiesen sido totalmente prescindibles.

Este mismo razonamiento lo podemos llevar a cualquier campo del conocimiento. La humanidad nunca ha sido tan creativa y, sobre todo, nunca ha tenido la posibilidad que hoy se le brinda de compartir ese ingente conocimiento. Seguro que esto es baladí para muchos que siguen la máxima escrita en un pupitre de la facultad donde yo me sentaba "El conocimiento me persigue, pero yo soy más rápido", pero para mí, llevado al campo del emprendimiento y de la creación de empresas, supone cuando menos una cierta desazón.

La estructura económica, social, formativa, legal e, incluso, mental de España y de los españoles, salvo honrosas excepciones, sigue siendo del siglo pasado y esto supone un grave problema para emprender y competir en el siglo XXI.

Somos acomodaticios y tenemos gran resistencia al cambio, nos hemos perdido todas las 'revoluciones' de los siglos pasados y nos podemos estar perdiendo también la de éste, que ya se vive en otros lugares del mundo (en especial en Asia). Si toda innovación la tamizamos con nuestros arcaicos principios en vez de apostar por ella con la visión fresca de este nuevo siglo XXI quedaremos, otra vez, relegados en el nuevo orden mundial y, lo que es peor, sufriremos en nuestro aceptable nivel de vida las consecuencias de un empobrecimiento inevitable.

Por eso, cuando pienso en crear algún proyecto empresarial en España, imagino si podrá crecer en este siglo XXI lleno de personas (clientes, proveedores, trabajadores, etc...) atadas al siglo XX y confieso que no estoy seguro de que sea fácil conseguirlo.

Siempre digo que en el presente conviven el pasado y el futuro, y en las empresas esta afirmación es palmaria. Y no me estoy refiriendo a personas jóvenes trabajando al lado de personas mayores, estoy hablando de mentes ancladas en el pasado conviviendo con mentes que ya están abrazando el futuro sin que todavía éste haya llegado, extremos que se alejan del presente real que necesita un justo medio para sobrevivir (es tan malo llegar tarde como llegar antes).

El presente es este siglo XXI y como yo no voy a vivir en otro, crearé empresas de este tiempo aunque recuerde con una sonrisa de felicidad las que fui capaz de crear el siglo pasado.

Y tú ¿de qué siglo eres?