Páginas vistas en total

martes, 26 de junio de 2012

Priapismo empresarial


Siempre he creído que la capacidad de 'estar a la altura' dependía de inyectar todos los recursos posibles en el momento adecuado, en el sitio adecuado.
De nada vale agrandar algo cuando en reposo cumple sus funciones básicas perfectamente.
Cuando se tiene un 'tamaño normal' y se es capaz de aumentarlo a voluntad, se vive más cómodo que con una erección constante y dolorosa.

Lo mismo debería de pasar en las empresas: cuando llegue la oportunidad de hacer negocio pongamos 'toda la carne en el asador', excitémonos convenientemente y aguantemos el tiempo necesario para conseguir el orgasmo en forma de máxima rentabilidad.

¿Por qué sobredimensionar nuestra estructura sólo con el fin de estar preparados por si 'salta la liebre'?
Como mucho deberíamos tener la 'viagra' a la vista por si atisbamos en el horizonte una oportunidad clara. Una 'viagra' en forma de posible préstamo o de subcontratación de un proveedor que sólo tomaremos cuando tengamos muy claro que vamos a tener la oportunidad de 'mojar'.

Por contra evitemos el 'gatillazo' confiando en nuestra capacidad y manteniendo la salud de nuestra organización en los estándares adecuados.
Que el miedo no nos paralice cuando llegue el momento de 'ejecutar' y nos haga perder el negocio para el que tanto nos hemos preparado.

Y no nos engañemos, nuestro objetivo como empresa no es sólo tener el máximo número de orgasmos sino también (y por encima de lo anterior), conseguir que los clientes disfruten tanto de la 'coyunda' que deseen repetir lo máximo posible, eso sí,  si puede ser, sólo con nosotros.  

jueves, 7 de junio de 2012

Extracto de mi intervención en el Afterwork de ASCEGA


Aquí os dejo este enlace por si estáis interesados en verme además de en leerme. 
Aprovecho para agradecer a ASCEGA la grabación de mi ponencia y espero poder ofrecérosla íntegra en breve.

Una vez que pinchéis en Vimeo la clave es   ASCEGA.
 

lunes, 4 de junio de 2012

Metáfora

En un destartalado automóvil, dos padres y dos hijos conversan. Cualquiera de los tres se da cuenta de que ninguno de los otros dos le escucha, pero siguen hablando.
Es un viaje a ninguna parte, la convivencia en un espacio minúsculo de recuerdos sesgados, sueños incumplidos, acciones concretas, ilusiones.
El mismo coche, tres realidades, la hija con esperanza y fuerzas para luchar, el hijo, simplemente sobrevive porque, como padre de ella, tiene la obligación de hacerlo. No como su padre que ya ha renunciado a ver un mundo mejor y prefiere acomodar la memoria a la épica de su pasado.
Se necesitan, sin la experiencia tamizada por la reflexión del abuelo la nieta caería en el abismo de la locura. Sin la ilusión de ésta, su padre dejaría de levantarse cada mañana.
Sólo existe el automóvil, un ahora que obliga a viajar juntos a un pasado y a un futuro que no existen, sólo hay una dirección: hacia adelante, el tiempo que dure el combustible o que haya carretera por donde rodar.
Lo único que está prohibido es pararse, aunque el coche se vaya desmembrando a cada bache y parezca que agoniza, hay que seguir avanzando.
Detenerse sería el fin de los sueños y también el fin de los recuerdos, por eso el padre agarra con fuerza el volante, mira al frente y... acelera. Por ella, pero también por su padre.