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miércoles, 30 de octubre de 2013

PUTÓNOMAS

El otro día, caminando por la calle Montera de Madrid, a escasos metros de la Puerta del Sol, en una tarde noche abarrotada de paseantes, turistas, arribistas y demás fauna de diverso pelaje, me vino a la mente el despropósito de nuestro régimen especial de los trabajadores autónomos donde la mayoría de los emprendedores estamos porque no nos queda más remedio y donde a las prostitutas que, en ese y en otros muchos lugares de España, prestan, sin ningún interés, por cierto, sus servicios sexuales a todo aquél que esté dispuesto a pagar el precio que piden, no les dejan entrar.

Sórdido mundo el de la prostitución, como el del autónomo, sin protección ante los desmanes, siempre pendiendo de un hilo, regateando con clientes que si la ocasión lo permitiese nunca serían tales, en riesgo de exclusión, carne de cañón de enfermedades de todo tipo y sin garantía de que en un futuro no muy lejano exista algún tipo de protección social o pensión que haga su decrepitud más llevadera. Y lo mismo le pasa a las putas. 

El modelo de las putas independientes o “putónomas” como las llamaré a partir de este momento es, sin duda, la mejor lección de gestión empresarial que cualquier emprendedor puede recibir en estos duros días de necesidad si está pensando en autoemplearse, mucho mejor que cualquier master si uno tiene la paciencia suficiente y se para a observarlas un poquito.

Haga frío o calor, estén bien o mal de salud, ellas tienen que salir a vender(se), des-vistiendo sus mejores galas, sonriendo y lidiando con una segmentación de clientes impuesta por como sople el viento ese día. La competencia es brutal, las ofertas son del tipo “yo no soy tonto” y cada día las nuevas tecnologías hacen mella en su negocio (el e-commerce de la autosatisfacción se impone por inmediatez y por precio). La administración  no les pide licencia de ‘apertura’ pero impone cada vez más peajes a sus clientes, acosándolos para que se refugien en otros vicios de mayor carga impositiva.

El emprendimiento llevado a su máxima expresión. El crudo y real emprendimiento que apenas da para calentar el lugar donde se trabaja, una horizontalidad de vuelta y vuelta que te hace sentir usado y despreciado por aquellos que te compran un pedacito de tiempo sin IVA. Lo mismo que también les sucede a las putas.

Si esto sigue así todos acabaremos siendo putónomos o putónomas. Fuera del sistema, porque el sistema nos expulsa con sus costes imposibles de pagar, levantándonos cada mañana sin perder la dignidad que a la mayoría nos viene de serie, como el coraje, luchando por nuestros hijos, por nuestros padres pero, sobre todo, luchando por nosotros mismos para hacer frente al largo invierno que todavía nos queda hasta que un día decidamos dejarlo o, simplemente, nuestra mala salud o la impaciente fiereza de la lozana juventud nos saque del mercado y nos arroje a la cuneta.

Mientras tanto, no nos queda más remedio, trabajemos a destajo pero con la conciencia muy tranquila, incluso cuando la factura de nuestros servicios de supervivencia brille por su ausencia,  y por encima de todo no nos engañemos a nosotros mismos con las manidas cantinelas de “yo lo puedo dejar cuando quiera” o “esto es temporal hasta que encuentre algo mejor” porque quizá no nos dejen salir de este agujero o quizá nunca haya nada mejor fuera de él.

Igual que Edward Lewis pudo rescatar a Vivian Ward en Pretty Woman, quizá sólo nos quede soñar, como se sueña en Hollywood, que alguna gran empresa nos saque de nuestra calle Montera particular en donde ejercemos cada día el negocio de sobrevivir y quizá nos haga ricos para siempre. 

Quizá pueda sucedernos a alguno de nosotros pero si es a ti al que le pasa, no te olvides nunca de todos los que nos quedamos atrás, arropados por la tenue luz de una farola parpadeante que alarga las sombras casi tanto como nuestra miseria.      

domingo, 27 de octubre de 2013

APRENDER Y DEJARSE ENSEÑAR

Hace unos días, en una entrevista que me hicieron en RTVE, tuve la ocasión, una vez más, de insistir en la importancia de aprender del fracaso y en la necesidad que todo emprendedor tiene de contar con un mentor que haya fracasado y haya hecho lo propio.
Si emprendes tienes un 90% de posibilidades de fracasar, tu éxito será fracasar rápido y barato. La victoria radica en quedar levemente herido para poder levantarte e intentarlo de nuevo.
Si emprendes de la mano de un mentor que haya emprendido, que haya fracasado y, sobre todo, que haya aprendido de todo lo anterior, tus probabilidades de fracaso bajarán hasta el 50%.
Autoestima emprendedora toda, soberbia ninguna. Los que más saben más se dan cuenta de que les falta todo por aprender. Déjate acompañar una parte del camino y, si puedes, incluso permite que, antes de salir a caminar, alguien que tenga las suelas de sus zapatos desgastadas prepare contigo el viaje.    

http://www.rtve.es/alacarta/audios/la-lanzadera/lanzadera-17-10-13/2071442/

martes, 8 de octubre de 2013

LO QUE THOMAS JEFFERSON NUNCA DIJO

El día 28 de Mayo de 1816 Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos de América, escribió una larga carta a un amigo suyo llamado John Taylor.

En dicha misiva, entre muchas otras, aparece exactamente esta frase:

"I sincerely believe, with you, that banking establishments are more dangerous than standing armies."

“Creo, sinceramente, como tú, que los sistemas bancarios son más peligrosos que los ejércitos.” 

La leyenda que se va gestando con el paso del tiempo en torno a la figura de un personaje tan especial como Jefferson es un ‘caldo de cultivo’ perfecto para poner en su pluma algunas palabras más cáusticas:  

“Pienso que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y todas las instituciones que florecerán en torno a los bancos, privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, enseguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo, sobre la tierra que sus padres conquistaron.”

Lo cierto es que tanto la verdad como la leyenda tuvieron oportunidad de ser demostradas en el pasado siglo XX, y como consecuencia, la plutocracia que gobierna el mundo es cada día más rica mientras que las clases medias cada día son más pobres.

Hay cientos de análisis objetivos sobre la evolución del reparto de la riqueza en los países occidentales durante los últimos 50 años y, lo único que se observa en todos ellos es una tendencia fulgurante a la concentración de la riqueza en muchas menos manos y a la extensión de la precariedad, e incluso de la pobreza, entre un mayor número de personas cada año que pasa.

Desgraciadamente la revolución tecnológica está contribuyendo, especialmente en estos países occidentales entre los que se encuentra España, a alimentar esta tendencia, ya que la creación de riqueza en forma de puestos de trabajo bien retribuidos que, por ejemplo, ha provocado Internet, no sólo ha sido mínima sino que en muchos casos ha sido incluso negativa.

Diabólicamente, la burbuja financiera, el boom del crédito para todo y para todos, ha logrado hasta finales del siglo pasado los mayores niveles de bienestar percibido de toda la historia de la humanidad y, a la vez,  ha ido devorando a aquellos que aparentemente disfrutaban de ese bienestar cual cáncer silencioso hoy ya sin cura de ningún tipo.

Paradoja económica: sin financiación no hay sensación de bienestar porque no puede haber empleo bien retribuido sin consumo constante y creciente, pero con excesiva  financiación nos inoculamos, voluntariamente o no, un virus letal que acabará matándonos de pobreza.

Quizá Thomas Jefferson tenía razón cuando ‘no dijo’ alguna de las cosas que se le atribuyen, pero seguro que hoy no se hubiera callado y nos diría que la humanidad no puede permitirse que la ya de por sí desigual Ley de Pareto (donde el 80% de la riqueza estaba en manos del 20 % de las personas allá por finales del XIX), acabe balanceando sus porcentajes mucho antes de que finalice este siglo y, por tanto, que el 99% de esa riqueza la tengamos que buscar en las manos de un ínfimo 1% de personas, lo que trasladado a cifras, no dentro de muchos años, podría suponer que unos 80 millones de individuos en todo el mundo conviviesen con más de 7.900 millones de miserables, eso sí, miserables muy, muy cabreados.

Si no cambiamos desde hoy mismo el modelo económico global, racionalizando esa ley de Pareto y haciéndola tender al equilibrio, incluso aún sabiendo que nunca conseguiremos la utopía de que el 50% de la riqueza esté en manos de un 50% de la personas y viceversa,  estaremos condenados a la catástrofe.

Si consiguiéramos que el 65 % de los 8.000 millones de habitantes que un día no muy lejano seremos en este planeta, controlasen, al menos, el 35% de la riqueza, no nos importaría tanto que el resto, los más ricos, unos 2.800 millones de individuos, manejasen el 65% de los recursos de la humanidad.

Es fácil, empecemos por eliminar los paraísos fiscales a nivel mundial y creemos un sistema fiscal planetario que, de forma progresiva, haga que al llegar a un determinado punto de beneficios, la tributación sobre los mismos anule todo incentivo para seguir obteniéndolos.

En pro del bien común, creemos un techo de cristal que, aunque sea alcanzable sólo para unos pocos, nunca nadie pueda traspasar. Consensuemos si es posible, o impongámoslas si hace falta por la fuerza, unas reglas de juego dentro de esa cúpula económica que sean lo suficientemente motivadoras para que todo el mundo quiera jugar en ella con ambición, pero que no permitan a nadie que sus logros vayan más allá de los amplios límites que marquemos.

Seguir como estamos, aunque tengamos la buena voluntad de mejorar lo conocido, nos enfrentará, tarde o temprano, con nuestras peores pesadillas como humanidad. Y esta  raza única que es el hombre, tras muchos años de evolución y de historia, no se merece perder lo que ha ido logrado gracias a su inteligencia y la fe en sí misma, por eso es ahora o nunca, e igual que Jefferson cuando redactó la Declaración de Independencia estaba, sin saberlo, cambiando el mundo, quizá uno de nosotros, también sin ser consciente de ello, esté llamado a salvar a la humanidad. Lo único que le pedimos es que aparezca pronto.