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miércoles, 11 de enero de 2017

AUSENCIA

Madrid, 11 de enero de 2017.

Hace cinco años escribí en mi libro ‘No hay huevos. La locura de ser emprendedor en España’ las siguientes palabras:

«Imagínate por un momento que estabas casado y que por causa de que eres un emprendedor fallido (o por cualquier otra) tu pareja o tú decidís divorciaros y la sentencia firme que regula tu nueva situación establece una pensión de alimentos a favor de tus hijos o una pensión compensatoria a favor de tu ex cónyuge y, al no disponer tú de dinero alguno para pagarla, recibes una denuncia por vía penal acusándote de abandono familiar.

Al menos en la cárcel no tendrás que preocuparte de la comida ni de las deudas pendientes por un tiempo.»

No pretendía ser profeta, la madre de mi hijo Manuel y de mi hija Raquel, funcionaria, ya me había denunciado por esa vía, imagino que ‘asesorada’ en el sentido de que el dinero o las propiedades ocultas que yo pudiera tener aparecerían como por arte de magia ante el miedo a entrar en prisión. 

Crear está reservado a los dioses. Lo que no existe no suele aparecer. Y las consecuencias de ciertas acciones escapan al control de quién decide tomar el camino equivocado.

Y aquí estamos, escribiendo esto a pocas horas de entrar en prisión por no tener dinero y ‘parecer’ que sí lo tienes sólo por el cliché que domina este país respecto a los empresarios (o a los que un día lo fuimos): «seguro que algo tendrás ‘guardado’ por ahí de todo lo que has ganado».

Tras la ruina más devastadora hace ocho años, sin ingresos, sin patrimonio, sin segunda oportunidad, con mis hijos aleccionados para que, en caso de que yo me muera, acepten la herencia ‘a beneficio de inventario’ para no cargarse con unas inmensas deudas avaladas por su padre que no prescriben nunca, tras más de cuatro años de proceso judicial, tras probar la dureza del banquillo de los acusados arropado por un abogado de oficio gracias a haber obtenido el beneplácito de la ‘justicia gratuita’,  tras una sentencia condenatoria donde se dice… 

«Estimamos adecuado optar por la pena de multa considerando que debe reservarse la pena de prisión en cuanto que privativa de libertad, como último recurso, por ello procede imponer al acusado la pena de 6 meses de multa con una cuota de 5 euros, con el fin de priorizar el cumplimiento del pago de la pensión alimenticia y la pensión compensatoria.
Por todo ello, el acusado deberá abonar en concepto de multa la cantidad de 900 euros. En caso de impago, cumplirá un día de privación de libertad por cada dos cuotas de multa no satisfechas.»

… tras todo lo anterior… un pequeño problema: para poder cumplir la pena de multa y no ir a la cárcel (o sea, pagar los 900 €) hay que abonar primero la responsabilidad civil; y como yo no tengo los más de 54.000 € que me piden por ese concepto pues, sintiéndolo mucho, me voy 3 meses a prisión.

Aquí es donde te viene a la mente la sabiduría leguleya popular que dice que en España no entra en prisión nadie que no tenga antecedentes penales y cuya condena sea menor de 2 años. Craso error, es importante -para que esto suceda- que haya algún resarcimiento del daño civil (o sea, que pagues) y entonces, a criterio del juez, podrías tener suerte y te podrían sustituir la pena por trabajos en favor de la comunidad.

Y eso pensaba yo -que tendría suerte- cuando hice esa petición a la jueza que me había condenado. 

No hubo tal, ella considera en el auto en el que me deniega la sustitución de la pena de prisión por trabajos en favor de la comunidad lo siguiente «si bien el condenado ha sido declarado insolvente, esto no implica que carezca de bienes, sino que el juzgado no ha encontrado sobre los que trabar embargo.»

Ante esto sólo me queda decir, con cierta desazón, que en España ‘todos los empresarios somos culpables hasta que demostremos lo contrario’, qué se le va a hacer, parece que, cinco años después, sigue siendo verdad la primera frase de mi libro «Créeme, sé de lo que hablo. España, hoy, no es país para emprender.»

Siempre he tenido claro que existe ‘mi verdad, tu verdad y la verdad’, y por supuesto todo en la vida es matizable y puede estar sujeto a interpretaciones subjetivas, pero lo que es objetivo es que yo, frisando en los cincuenta, ingreso en prisión en unas horas, quizá porque soy masoquista o imbécil, que todo puede ser, y por muy raro que pueda parecer, todavía no he encontrado a nadie tan empático y solidario que quiera cambiarse por mí (debe ser que lo de la cárcel no ‘mola’).

Sin embargo -sin ironía- soy muy afortunado, no paro de recibir el apoyo de quienes me conocen de verdad y saben que, incluso de esta atípica experiencia, saldré reforzado (ya os lo contaré, amigos, dentro de unos meses) y que podré utilizarla para ayudar a otros a no tener que pasar por algo similar.

Ser o parecer. Ser rico o parecerlo. Queda claro que es mejor lo primero, porque parecer que tienes, en este país, te puede llevar a la cárcel.

No puedes estar alegre si estás arruinado, no puedes caminar con la cabeza bien alta, no puedes vestir adecuadamente, no puedes estar en frenética actividad buscando esa segunda oportunidad, no puedes tener buenos amigos, no puedes mirar hacia delante, no puedes… 

¡Qué absurdo este mundo que mira y no ve! 

Reo, prisionero de los prejuicios (de la sociedad, de la justicia, de la administración). Surrealista.

Si sufro ahora no es por mí, lo hago por los muchos que se quedan fuera, estupefactos, pensando que esto es una broma macabra y, muy especialmente, sufro por dos niños, rehenes involuntarios de un dilema absurdo que nadie a lo largo de su vida debería jamás tener que responder ¿A quién quieres más, a mamá o a papá?

Gracias a todos los que, como yo, ya estáis empezando a contar los días que faltan para volver a abrazarnos.

Me podrán privar de libertad pero, como me enseñó alguien a quien quiero mucho, hoy más que nunca, hay dos cosas que jamás me van a poder quitar: «Dignidad y Elegancia».


Manuel Dafonte Catoira

4 comentarios:

  1. ¡Animo Manuel!. Tu libro "No hay huevos" lo deberían leer todo y cada uno de los políticos, empresarios/emprendedores de este País llamado España.
    ¡Qué absurda esta España que mira y no ve! ¡Qué pena de País!
    Ser emprendedor, autónomo o empresario, con más de 10,20,30 o 80 años de antigüedad y haber tenido que cerrar después de una "crisis económica"..., demostrar la no culpabilidad..., quedar totalmente arruinado y sin derecho ni a vivir.... y después... "si bien el condenado ha sido declarado insolvente, esto no implica que carezca de bienes, sino que el juzgado no ha encontrado sobre lo que trabar embargo".
    Sra. Jueza mayoritariamente los Emprendedores, autónomos o empresarios somos gente decente, trabajadora, que mantenemos este PAÍS llamado España.
    Los nuevos emprendedores deberían tomar nota y dejarse aconsejar por estos que lo han perdido todo y saber que "Emprender en España esta castigado por Ley".
    Todo mi apoyo. LA DIGNIDAD Y ELEGANCIA JAMAS NOS LA QUITARAN QUERIDO MANUEL.

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